Las mejores decisiones se toman desde el Corazón
Es
muy usual encontrarse con personas tan desconectadas de su ser interno que
olvidaron qué era lo que realmente querían en la vida. Llegado el momento de
tomar una decisión todo lo que pueden ver es un sinfín de pensamientos y
razones por las cuales no pueden hacer cambios, a pesar de sentir estancamiento
e insatisfacción.
Mi
pregunta ante esta situación suele ser: “Si tuvieras sólo el día de hoy para
vivir y tuvieras que morir mañana, qué estarías haciendo de tu vida?”
Entonces
puede verse literalmente la chispa divina en sus ojos, que se encienden
pensando en las posibilidades, pero prontamente se apaga ante el peso de los
condicionamientos mentales, mientras responden: “Sí, haría muchas cosas,
pero…”.
Esta
semana tuve una revelación al darme cuenta de que ante mi propia pregunta mi
respuesta fue: “Nada diferente de lo que hago todos los días, no cambiaría nada
porque hago TODO lo que quiero hacer”. Y me di cuenta de lo satisfecha y feliz
que estaba con mi vida (que no es perfecta eh…). Entonces llegué a la
conclusión de que no es una fantasía pensar que podemos hacer lo que elijamos
con nuestra vida; yo pude y no soy Buda, entonces cualquiera puede!
Me
di cuenta de que para llegar a este punto en mi vida tuve que pasar por un gran
aprendizaje de escuchar a mi corazón, dejando ir la culpa y las dudas que a
veces surgen por no acomodarme a los estereotipos y convenciones sociales. Me
encantaría ayudarte a hacer lo mismo, por lo cual decidí hablar más
detalladamente sobre este tema.
La instancia de la decisión
Me
gustaría que a lo largo de este día hagas un ejercicio muy simple. Quiero que
observes el primer impulso que surge de tu pecho en el momento que se presenta
la posibilidad de tomar una decisión. No tiene que ser una decisión
importantísima, puede ser si decidir entre salir a caminar o quedarte mirando
una película en tu casa.
Si
prestas atención notarás que hay dos instancias en tu decisión. El primer
impulso o instancia es el que sale de tu fuero interno, haciéndote sentir tu
anhelo profundo y mostrándote lo que verdaderamente quieres hacer. El segundo
impulso o instancia es la mente, poniendo barricadas de razones por lo cual
“deberías” elegir hacer una cosa o la otra. Nótese el “deberías” entre
comillas, en realidad no hay algo que DEBAS o NO DEBAS hacer.
El
primer impulso nace de tu corazón y te acerca a un estado de conexión interna,
el segundo impulso nace de tu mente y te aleja de manifestar tus anhelos
profundos en la vida, causándote gran insatisfacción.
Corazón vs Mente (Duelo de
titanes)
Y
acá viene el problema. Estamos acostumbrados a poner razones de “porque sí” y
“porque no” hacemos las cosas, en lugar de prestar atención a nuestro corazón,
que es la instancia de nosotros que está en sintonía con nuestro espíritu y
nuestro propósito de vida.
El
problema es que el corazón no da razones, nos pide lo que necesita y basta, ya
que no necesita justificaciones para hacer lo que sabe que vino a hacer en este
mundo. Y como estamos tan alejados de nosotros mismos, enterrados en una pila
de experiencias pasadas, limitaciones y miedos, no podemos concebir tomar una
decisión sólo porque mi alma me lo pide, sería una locura!
Si
yo te dijera que tu vida no es tuya, sino que es de tus limitaciones
inconscientes, que te llevan a recrear los mismos escenarios una y otra vez,
como un programa de computadora, impidiendo tu avance… No te parecería que la
locura sería querer permanecer en este infinito bucle de repeticiones? No
querrías descubrir cómo sería vivir realmente tu vida?
RECONECTARSE CON EL SER
Yo no estoy acá para
decirte cómo hacer las cosas, esa no es mi función. Pero sí puedo intentar
hacerte notar desde dónde tomas las decisiones todos los días de tu vida y
recordarte que está la posibilidad de elegir diferente.
La
mayoría de la gente no puede hacer este cambio de la noche a la mañana, yo no
pude, y eso está bien, cada uno tiene sus tiempo. Pero por algún lado habrá que
empezar por lo que te propongo lo siguiente:
Cada
vez que te encuentres en el momento de tomar una decisión, pasa la atención de
la zona de tu cabeza a la zona del corazón, y observa qué es lo que te está
pidiendo sin pensar en nada en particular, solamente SIENTE QUÉ ES LO QUE QUIERES.
A
veces nos asusta mucho tomar conciencia de qué es lo que queremos, porque dista
mucho de lo que tenemos en este momento y nos damos cuenta no sólo de los años
que hemos perdido (que no es tan así, pero así se siente) sino de lo doloroso
que será transformar nuestra vida de lo que es en este momento a lo que
verdaderamente queremos de ella (ya que habrá que dejar ir muchas ideas y
muchos apegos). Pero yo creo que más doloroso sería vivir sintiéndose vacío,
sin conocer la plenitud, la satisfacción y la paz, estando en constante
conflicto consigo mismo.
La batalla de los miedos
La mente va a pelear con uñas
y dientes para continuar con la rutina preestablecida y no tener que enfrentar
los miedos, pero yo no soy mi mente (repasen la nota de Echkart Tolle y “El
poder del ahora” si tienen problemas con este concepto). Yo no soy mis
pensamientos, mi trabajo, mi rutina, ni mi familia, yo soy yo, un Ser que viene
a experimentarse y conocerse a sí mismo.
Nunca
podré saber quién soy si vivo para los demás, y por cierto, para las personas
que ponen a terceros como excusa (“no puedo por mi mamá/marido/hijos, etc”), es
terriblemente injusto poner la responsabilidad de mis decisiones de vida en los
hombros de los demás, diciendo que lo hacemos por ellos.
Todo
lo que hacemos lo hacemos por nosotros, para nuestro beneficio o detrimento,
así que no nos hagamos los mártires. Si quiero estar para los demás debo
primero saber quién soy, y en categoría de qué estoy, sino sólo los estoy
limitando con mis propios condicionamientos y estado de inconsciencia.
Uno
de los mayores miedos que podemos experimentar es cuando se caen todas las
estructuras de lo que considerábamos real, y de lo que pensábamos que éramos,
es como morirse en vida de cierta manera. Lo bueno de todo esto es que al caer
todas estas ideas tenemos un lienzo en blanco para empezar a construir algo
desde una nueva perspectiva de vida, algo que refleje nuestra verdadera
naturaleza interna y ayude a los que nos rodean a recordar la suya.
Por
sobre todas las cosas, ya no condicionaré a los demás con mis propias
limitaciones, sino que los ayudaré a conectarse consigo mismos desde dar el
ejemplo con mi propia presencia y actitud de vida.
Por sobre todas las cosas, ya no condicionaré a los demás con mis propias limitaciones, sino que los ayudaré a conectarse consigo mismos desde dar el ejemplo con mi propia presencia y actitud de vida.



No hay comentarios:
Publicar un comentario